Juegos Panamericanos: Sintámonos orgullosos

Por Utzu García.

Había dudas. Los meses previos a la realización de los XIX Juegos Panamericanos Santiago 2023 estuvieron marcados por un estado de máxima alerta. La demora en los avances de la infraestructura necesaria para albergar un evento multideportivo de estas características, los problemas financieros y los constantes cambios en la dirección, hacían pensar que esta edición sería desastroza.

Sin embargo, a contrarreloj y frente a todo pronóstico, Santiago 2023 es una realidad y la emoción y las conmovedoras historias que ahí se cuentan, ya está en proceso.

La gente ha respondido y ha dicho presente en cada uno de los eventos y en cada recinto donde se están realizando las diversas pruebas. El comienzo fue un ejemplo de espíritu deportivo. Fue emocionante ver cómo el público recibió con ovaciones a cada delegación participantes. Vemos las reacciones del público del Festival de Viña y uno habría esperado pifiaderas a nuestros vecinos como Argentina o Bolivia, o con una fuerte inmigración, como Haití o Venezuela. Pero no, cada bienvenida fue con ovación, con aplausos extendidos cuando las delegaciones pasaban cerca de la grada.  Un ejemplo de civismo, que nos debe servir de ejemplo.

La ceremonia, sencilla pero emotiva, cumplió con cualquier expectativa. Tenía diez años cuando ví la inauguración de Atlanta 96 y siempre me llamó la atención ese tipo de evento. Verlo en vivo y en directo fue emocionante y entretenido. Una muestra de nuestra diversidad cultural, impuesta por una geografía inverosímil, y una muestra impecable de nuestros mejores artistas: Los Jaivas, Los Tres y Los Bunkers, bandas de rock de calidad internacional que dieron cuenta de lo mejor de nuestra oferta cultural, para luego exaltar a las masas con la presentación del colombiano Sebastian Yatra, en total coherencia con el hecho de que la próxima edición, la de 2027, se realizará en Barranquilla.

El Parque Estadio Nacional es de primer mundo. Las instalaciones de deportes de contacto, de natación, el parque urbano, las canchas de tenis, debieran ser motivo de orgullo. Se ven de primer mundo. Y todo eso a la salida de una estación de Metro.

En un país acostumbrado a ningunear lo que tiene o lo que somos, debiéramos levantar la frente por esto. Organizar unos Panamericanos no es una tarea sencilla. Santiago lo intentó en 1975 y 1987, adjudicándose la sede, pero renunció a ellas por su incapacidad.

Lo de los retrasos no es algo inédito: pasó en Lima 2019, en el Mundial de Sudáfrica 2010 o en los Juegos Olímpicos de Río 2016. Lo importante es cumplir, y cumplir bien, y el equipo comandado por Harold Mayne – Nicholls.

La invitación de esta columna es a disfrutar este evento hermoso, cuyo espíritu de superación debiera marcarnos profundamente. Pedirles a los amargados de siempre, que todo lo quieren ver mal, que piensen, alguna vez en su vida, que con un poquito de voluntad, los resultados pueden ser maravillosos.

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